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Dialogando

Los límites y la educación

Inconvenientes actuales, a los que nos enfrentamos de manera cotidiana. Y que en determinadas circunstancias no sabemos como resolver. Considero que la puesta de límites no es impedir el crecimiento del otro o hacerlo sentir frustrado. En realidad es la posibilidad de reacción ante diversas situaciones y que ponen en juego el tener en cuenta a los demás.

Es claro que si no seguimos las reglas de un juego, nuestro compañero puede molestarse, también puedo perder su amistad. ¿Qué pasa con las señales de tránsito?, estamos viviendo situaciones límites por no acatar los límites.

A los niños les está sucediendo algo parecido o como planteaba Philipe Merieu ponen en juego el deseo, satisfacerlo a pesar de los otros. (en “El significado de educar en un mundo sin referencias.)

 

El siguiente es un artículo que me resultó interesante compartir en relación a este tema. El mismo está escrito por El licenciado *Eduardo Cazenave*, profesor de Filosofía, rector general del Colegio San Juan el Precursor y miembro del equipo de profesionales de la Fundación Proyecto Padres (_www.proyectopadres.org_).

Educación

Que los chicos no se frustren.

Con el objetivo de lograr a toda costa que nuestros hijos no sepan qué
es la frustración, los protegemos demasiado y les damos cualquier
gusto.
El resultado: chicos infelices, dependientes, aburridos, sin intereses
concretos y que no conocen el significado del esfuerzo.
Cuando apareció la psicología, descubrimos qué era la frustración. No
faltó mucho para que algunos psicólogos la volcaran a la educación y
nos convencimos de que era horrorosa, mala palabra y la esquivamos   tanto cuanto pudimos, en especial para nuestros hijos.
Todo se los dimos al alcance de la mano, para que no se frustraran;
respondimos inmediatamente a sus deseos, para que no sufrieran; los
llenamos de juguetes, televisores y Play Stations, para que no se
aburrieran.
No reprimimos sus impulsos, para que fueran libres y espontáneos;
fuimos al colegio a quejarnos porque la maestra era injusta y los chicos
estaban siendo sobreexigidos con deberes, lo que no les daba tiempo
para ir a las clases de tenis, de taekwondo, comedia musical y batería. Nos
pidieron ir al boliche y les dijimos que sí, nos pidieron el auto y les
dijimos que sí, nos pidieron y nos pidieron y a todo les dijimos que
sí.
De pronto, nos dimos cuenta de que crecieron rodeados de todo, sin
frustraciones, Sin embargo, extrañamente, no son felices.
Siguiendo el consejo de un amigo, le hicimos a nuestro hijo un
psicodiagnóstico y, entre las características que surgieron, el licenciado López nos marcó que tiene ’baja tolerancia a la frustración’, que ante cualquier dificultad u obstáculo que se le presente rápidamente
 ’tira la toalla’ y se deprime.
 Nos dijo que tiene baja su autoestima, que no sabe qué es lo que
quiere y que tengamos cuidado con las conductas adictivas, ya que ante todo lo que le brinde placer no puede posponer el estímulo hasta verlo
saciado.
No sabe qué estudiar ni qué hacer de su vida. Sólo disfruta viendo la
televisión, en especial un reality donde varios jóvenes no hacen nada.
La computadora le fascina, aunque está muy lenta y eso lo enfurece. El
deporte le divierte, pero no le gusta entrenar y, como bajó su
rendimiento, prefirió no jugar más antes que soportar los malos
resultados.
No puede proyectarse en el futuro formando una familia ya que no cree
en la fidelidad y piensa que los hijos dan mucho trabajo. Quiere ser
famoso, poderoso y millonario, si es posible las tres cosas juntas,
siempre que las consiga por herencia, por ganar un concurso o vaya a
saber uno por qué razón.
El psicólogo nos sugirió terapia, pautas claras en casa y que, si no
estudia, trabaje. Que si quiere seguir viviendo con nosotros, sus
padres, se acomode a las reglas familiares, que asuma responsabilidades
concretas y que empiece a planear su futuro.
Nos aconsejó no darle plata para sus salidas, sino más bien que él
mismo genere sus ingresos. Que lo contengamos y que por su propio bien le hagamos ver qué ya no es un chico, que las cosas en la vida no se dan gratis ni por obra de magia, que la casa en la que vive se hizo y se
mantiene por nuestro esfuerzo, que lo bueno cuesta alcanzarlo.
En fin, nos dijo tantas cosas que con mi mujer hemos decidido cambiar
de psicólogo. Lo que éste nos dijo no nos gusta. Lo último que queremos
es que nuestro hijo se frustre.

 

  Fuente: Economía para Todos:            

  www.economiaparatodos.com.ar

Fabiana A Noya

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